Michael Schumacher 2004 por Jose Froilan Gonzalez de Argentina


Por José Froilán González. Ex piloto. En el GP de Inglaterra de 1951 le dio la primera victoria a Ferrari en la Fórmula 1.
Siento un profundo respeto porMichael Schumacher. Veo en él a un corredor frío, calculador, que sabe cuándo hay que acelerar y cuándo es necesario regular. Esa es una de las características que distinguen a los grandes corredores. Sacan a relucir su talento en situaciones comprometidas, en carreras con pistas difíciles y ante definiciones parejas. Hoy por hoy, en un automovilismo muy parejo, no entra en discusión que es el más rápido. Por condiciones debió haber ganado dos o tres títulos más de los que tiene. Es un estratega nato, de los que planfican hasta el último detalle. Se manejan por instinto a la hora de cambiar gomas o para detenerse en los boxes. Todo lo hace simple y a la larga muestra un oficio inigualable. Como solemos decir, le sobran horas de vuelo. O de manejo, mejor dicho. Su historial es tremendo. A esta altura muchos me preguntan: “Froilán, ¿te gusta esta Fórmula 1?”Y la respuesta no es fácil. Por un lado está la tecnología renovada y por el otro la nostalgia de aquellos primeros años en los que todo lo hacíamos con esfuerzo. Sinceramente, hoy el automovilismo perdió romanticismo. Se lo comió el negocio de la televisión y de lo sponsors.

Es puro dinero. Hubo avances notables en la parte técnica. Pensemos: en la década del cincuenta se transmitían las carreras sólo por teléfono y hoy tenemos grandes multimedios periodísticos que nos ponen en el living de nuestras casas imágenes de lo más intimista. Entonces, es lógico que también se produzcan cambios en los coches y, por supuesto, en el entorno que rodea a la categoría.

En fin, al margen de mis recuerdos, me saco el sombrero ante Schumacher.
Lo reconozco como un piloto talentoso, que sabe lo que quiere. Se lo dije en la fiesta de los cincuenta años de Ferrari. Vino a saludarme y me cargó: “Vení, subite a mi auto y manejalo”, bromeó. Y yo no me quedé atrás. “No, dejá, yo me quedo con las viejas”, en alusión a las máquinas que corríamos nosotros. Puedo ser un chapado a la antigua, pero la verdad es que no me animo a subir a estos coches modernos. Están repletos de teclas que no sé para qué sirven. En una de esas toco cualquiera y armo un desastre.

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